Unorthodox y el blindado de la religión

Las religiones monoteístas surgieron, en el 2000 a.C, como resultado de la unión de deidades que ya existían de manera separativa en las regiones de Asia y Oriente Medio, y también como pilares para la legislación de las civilizaciones en las que se asentaban.

La primera de estas religiones es el judaísmo, y como toda religión monoteísta tiene al hombre como figura de medida y a la mujer como figura medida. La base de este orden es la opresión por sexo.

No es hasta la Ilustración que las feministas defendimos la idea de que la razón no puede defender que la mitad de la población mundial fuera oprimida por su condición al nacer puesto que el proceso politizante desvincula la cuestión biológica de la dignidad humana.

En 2020 Netflix ha estrenado “Unorthodox”, una serie que trata sobre la violencia que la parte más intransigente (o una de ellas) que el judaísmo ejerce sobre las mujeres.

Esto aparece en un contexto de neoliberalismo, en el cual Netflix participa propagando el “mito de la libre elección” a través de series blanqueantes de la tradición. Hemos sido absorbidas por un discurso que nos dice que podemos realmente elegir ser oprimidas y que al desearlo entonces ya no lo somos, como si la dignidad humana fuera transferible. Y por lo tanto subyugamos nuestros discursos al deseo y la sensibilidad, vaciando el recorrido político y material de los hechos que analizamos.

Siendo la población judía una de las más damnificadas de la historia, enseguida se condenó la visibilidad de esta violencia hasta ahora casi invisible hacia la mitad de la población, todo ello basándose en la exigencia de respeto hacia unos determinados sentimientos, sin importar lo que dichos sentimientos puedan hacer o no sobre seres humanos.

La serie fue etiquetada de antisemita, por lo que la historia de opresión hacia las mujeres judías que se pretendía narrar, fue invisibilizada y se volvió a blindar, una vez más, la religión. El efecto que ha ocasionado la serie viene de la idea de que se puede desligar la religión de su recorrido histórico y político, desde una mirada individual y emocional, dificultando así la crítica y el cuestionamiento.

El deseo y la sensibilidad están actuando como anuladores de todo discurso radical, razón por la cual se vuelve a culpar al feminismo (y por lo tanto, a las mujeres) de estar participando en posibles agresiones de odio hacia la comunidad judía, siendo las mujeres de dicha religión las que están siendo violentadas a todos los niveles por aquellos hombres que saltaron contra la serie y a quienes se escuchó más por el hecho de ser judíos. Ser judía no parece tener tanto peso, la realidad material queda vetada.

Si conceptualizamos mal, politizamos mal. Si los sentimientos actúan como anuladores de la razón entonces ya hemos fallecido como movimiento.

Rocío Curto