Sneak peek – Empecemos desde el principio

fuente: pensamentofeminista
En más ocasiones de las que me gustaría reconocer me encuentro inmersa en discusiones sobre quién es el sujeto político del feminismo (plot twist: las mujeres y sólo las mujeres -independientemente de sus etiquetas- son quienes tienen voz y voto en este movimiento), me veo obligada a explicar que, aunque no lo veamos, el patriarcado existe pero el «hembrismo» no y aún en dos mil veinte tengo que seguir haciendo referencia al Holocausto o a la invasión de Polonia por si aquello fuese comparable a las decisiones de las mujeres sobre sus propios cuerpos al escuchar la palabra «feminazi».

El concepto de hembrismo (que el propio Word me subraya como erróneo) es un intento de ciertos sectores para desprestigiar el movimiento feminista pues consideran que éste busca la igualdad entre ambos sexos pero que las hembristas son aquellas mujeres, las locas y radicales, que quieren estar por encima de los hombres, que los quieren hundidos.

Pero, hagamos un matiz aquí, cuando se dice «eres muy macho» se resaltan los aspectos asignados a los varones, es decir, el ser fuerte y valiente. Lo que siempre se ha dicho del hombre. Sin embargo, no decimos «eres muy hembra» porque eso supondría ser débil, producente, medida; y un largo etcétera de adjetivos que se han asimilado a la mujer por años.

Entonces, ¿si hembrismo viene de hembra, de ser muy hembra, estamos hablando de actitudes en los que la mujer siga siendo sumisa al varón como somos dentro del sistema patriarcal? ¿o es sólo un concepto misógino más para acallar a una lucha necesaria como lo es el feminismo?

Y es que, resulta que, ya existe un concepto (recogido por, nuestra muy apreciada y siempre al día, RAE) la misandria que hace referencia a la aversión a los varones pero casualmente se ha optado por buscar un término nuevo que líe las cabezas de quienes empiezan a interesarse por la desigualdad entre los sexos.

Así pues, centrémonos en los actos cotidianos que perpetúan los estereotipos de género, los encasillamientos; centrémonos en respetar algo tan básico como los derechos humanos de las mujeres (ya sabéis, no violar ni matar); centrémonos en no callar cuando nuestro colega suelta un comentario misógino (sí sí, la aversión hacia la mujer) o cuando pasa por el grupo de whatsapp una foto de una chica sin el consentimiento de ella. Y, sobre todo, centrémonos en escuchar más a las mujeres que se han deconstruido en el movimiento feminista, interiorizar sus palabras y revisar conductas.

María MB.