‘Purple washing’ o el oportunismo de las causas sociales

Marilyn Monroe – Andy Warhol
Como es bien sabido en el mundo empresarial, las causas sociales venden y como ejemplo más evidente contamos con el llamado ‘green washing‘ que consiste en reivindicar un falso ecologismo de, sobre todo, ciertas cadenas de ultramarinos que nos obligan a utilizar bolsas de papel, pero envuelven la fruta y verdura en ingentes capas de plástico. O el ‘pink washing‘ señalando el lucro de enfermedades como el cáncer de mama o en la falsa defensa de colectivos como es el LGTB; pero sólo en los meses de octubre y junio, respectivamente. Las nuevas técnicas de marketing juegan con las emociones de la población, lavando la imagen de las empresas, instituciones, países e incluso de los propios productos.

Para nuestro caso, el ‘purple washing‘, fue acuñado por la escritora Brigitte Vasallo, como una reivindicación en contra de las acciones populistas de estas corporaciones. Literalmente, significa lavado de cara morado y a nivel tanto nacional como internacional estamos colmadas de ejemplos. Los más obvios, los podemos encontrar entre los días colindantes al 8-M. Ese momento en el que todas las tiendas, instituciones y medios de comunicación se revisten de morado intentando apoyar la reivindicación feminista; mientras que durante el resto del año han estado plagados de lenguaje misógino, comentarios discriminatorios o prácticas que siguen sosteniendo el ‘estabhlisment‘ (cuotas desiguales en las empresas, salarios dispares, acoso laboral, y un largo etcétera).

Otra de las acepciones, que Vasallo vincula al ‘purple washing‘, es la instrumentalización del feminismo como una herramienta de legitimación de políticas que excluyen a ciertas poblaciones minoritarias, intentando vincular este movimiento con actos xenófobos o racistas, como son las polémicas del ‘burkini’ o las mujeres en el ejército israelí.

Finalmente, un pequeño comentario sobre el ‘purple washing‘ en el mundo audiovisual, éste que ahora vende películas y series lideradas, supuestamente, por mujeres empoderadas y, sin embargo, edulcoran situaciones de desigualdad, incluso llegándolas a blanquear y presentan un feminismo donde la mujer sigue siendo representada como el sexo débil. De esta manera, lo único que consiguen es visibilizar un problema social de manera superficial e incluso banal y contribuyendo a convertir al movimiento feminista en algo intrascendental en la agenda.

Andrea Brea Hernández
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