Myka Stauffer y la maternidad extrema


“Mi nacimiento”, Frida Kahlo. Fuente: Revista Arcadia.

Durante el pasado mes de Junio de 2020 la youtuber Myka Stauffer pasó de ser una mamá influencer a ser objeto de un muy merecido escrache.
Tal y como la youtuber explicó en numerosos vídeos suyos y entrevistas, “hacer dinero era su hobby”, junto a ser madre. Así que unió ambos deseos y, junto a su marido, explotó económicamente a sus hijas exponiéndolas en su “canal de estilo de vida familiar”.
Esta burbuja, muy criticada en la comunidad por la exposición de las menores, explota cuando devuelven a su hijo adoptivo Huxley. El pequeño es un niño chino con autismo y daño cerebral cuyo contenido, el “contenido Huxley”, les dio un gran impulso en la plataforma hasta llegar a enriquecerlos. Después de tres años con ellos, la familia afirma que no pueden seguir haciéndose cargo de él, así que lo trasladan sin más a otra familia.
En todo este revuelo podemos apreciar varias diferencias entre Huxley y su familia adoptiva que tomarían su propio papel como agentes activos y presentes en conflicto:
Por un lado, Huxley es un niño chino, con lo cual la raza y la nacionalidad son realidades que atraviesan y atravesarán su vida, hasta el punto de ser adoptado como si fuera un “complemento exótico” para la familia.
Por otro lado, está el capacitismo que sufre, puesto que es “realojado” por pertenecer al espectro autista.
Y sin embargo lo que la comunidad ha cuestionado es la maternidad de Myka. Y es totalmente cuestionable, pero resulta llamativo que además haya sido la más cuestionada, teniendo en cuenta que su marido es cómplice de todo lo que ocurre. Y además es un cómplice bastante activo.
En los últimos años se ha señalado que la conocida “depresión post parto” es una “enfermedad cultural”, en el sentido de que las mujeres caen este síndrome por creer que no podrán cumplir con los estereotipos maternales que la sociedad pone sobre nuestros hombros.
Y aunque no es para nada el caso de Myka, sí que atraviesa su realidad como mujer. Porque al fin y al cabo ella no es “una mala madre”, sino más bien una “empresaria perversa”, puesto que todo indica que su verdadera intención con Huxley nunca fue la de ser su madre.
La realidad es que en internet se están potenciando muchos de los mandatos que existen sobre la feminidad, desde el físico hasta la maternidad. Y tal vez tenemos que empezar a “ponernos a la defensiva”, porque hasta las madres tienen derecho a enfadarse.

Rocío Curto