Mi cuerpo y mis pelos son míos así que yo decido

He nacido así: con pelos en las piernas.
Me gustan y no me desagradan.
Y me he cansado de caer en las redes que me presenta el patriarcado de manera invisible para que le siga el juego.
No tengo intención de quitarme los pelos de mis piernas.
A pesar de los comentarios.
Muy a pesar de la idea de belleza de las personas que me rodean.

No es cuestión de hacerme la rebelde sino que es que no sé en qué momento concreto entré por primera vez en aquel lugar de depilación y tampoco recuerdo en qué momento exacto empecé a sentir que tenía que arrancar de mi piel todos los pelos que naturalmente habían crecido ahí. Lo que sí que recuerdo son los picores cuando crecía de nuevo el pelo, cómo me rascaba y las postillas que me salían después.

¿Por qué tenemos que quitar los pelos de las axilas? ¿Por qué tenemos que pulir nuestras piernas? ¿Por qué debemos rasurar el vello púbico? La higiene no es la respuesta a ninguna de estas preguntas; ya que, por ejemplo, el vello púbico es una protección natural para prevenir infecciones por bacterias.

Las respuestas se basan en que desde hace siglos a las mujeres se nos ha impuesto el depilarnos para que así nos amoldemos a un canon de belleza creado en su totalidad para agradar a los hombres, lejísimos de las necesidades diarias que nosotras mismas tenemos.

Y sí, esto es una queja en toda regla. Me quejo de que no me hayan explicado que tener pelos en el cuerpo es normal y que por ello no soy más o menos mujer, me quejo de que me haya visto envuelta en la contribución de que no me crezcan más pelos, me quejo de que aún hoy en día se crean falacias basadas en la higiene pero sólo destinada a un grupo de población: las mujeres.
Me quejo de que sigamos siendo las mismas de siempre las sometidas y las que tenemos falta de libertad para decidir sobre nuestros propios cuerpos.

María MB