Las emociones desde una perspectiva de género

Fotografama de la película Persona de Bergman
Las emociones son procesos psicológicos inherentes a todas y cada una de las personas.
Podríamos decir que son un sistema de alarma personal que nos avisa tanto de los peligros que debemos evitar, como de las cosas agradables a las que, si está bien calibrado, deberíamos acercarnos.

La auto-percepción que tenemos de nuestras emociones indican quienes somos y cómo sentimos, mientras que la forma que tenemos de reaccionar y gestionarlas muestran el modo que tenemos de enfrentamos al día a día. Esta percepción, reacción y posterior gestión de nuestras emociones, está directamente condicionada por la educación de género recibida desde la infancia.

Los estereotipos del binarismo de género –masculino/femenino-, no solo nos imponen como debemos ser, cuales son los patrones que debemos de seguir o a que aspectos de nuestras vidas debemos dar mayor o menor importancia, sino que también nos indican como debemos o no nos debemos sentir y, sobre todo, como debemos reaccionar y/o gestionar dichas emociones. Y en este proceso de influencia entran en juego las emociones sustitutivas.

Las emociones sustitutivas son aquellas que nacen con el fin de tapar otra emoción que, a través del aprendizaje de generación en generación, nos hemos prohibido sentir. Veámoslo con un ejemplo sobre la ira y el rol femenino:

La ira es una emoción moral que se dispara ante los actos de injusticia contra unx mismx o, de manera desinteresada, contra los que sufren lxs demás. Negar la existencia de ira en una mujer es igual que rechazar su condición humana, por lo que ¿qué sucede cuando el rol femenino lleva implícitas características como la sumisión, la facilitación y la disposición a ser accesible, que son contradictorias a la finalidad de la emoción? Pues que posiblemente reprimamos la emoción.

Cuando aprendemos que no podemos sentir o mostrar ira, buscamos de manera inconsciente emociones que las sustituyan como la falsa alegría, falsa tristeza, culpa o ansiedad. Todas ellas producen una continuada sensación de frustración e impotencia por no poder reconducir la emoción reprimida, llevándonos a actuar de manera pasivo-agresiva o auto lesiva.

Introducir, cuando hablamos de emociones, la perspectiva de género (en su totalidad binaria) junto con otras variables de historia personal es imprescindible para facilitar una mayor consciencia y comprensión de las mismas, así como para su sana, equilibrada y productiva posterior gestión. Porque en una sociedad Patriarcal -emocionalmente enferma y carente de valores como justicia e igualdad- la revolución feminista será más fuerte, sólida y efectiva si comenzamos por comprendernos a nosotras mismas.

Iria del Bosque Fernández.