La vieja normalidad de la invisibilización de los cuidados


Frase de Silvia Federici en el mural de Ailen Possamay

El pasado 29 de agosto, pocos días antes del comienzo de este atípico curso escolar, conocíamos la noticia de que el cuidado de las y los menores cuyos centros escolares cerrasen por cuarentena no estaría cubierto ni por las empresas ni por el Estado: madres y padres solo tendrán derecho a baja en el caso de que las personas a su cargo den positivo en una PCR. Las soluciones a los problemas que puede generar el cierre de un colegio para los hogares quedan en manos de los acuerdos a los que por buena voluntad puedan llegar las empresas con sus trabajadoras y trabajadores.

¿Significa esta noticia que las criaturas van a cuidarse solas mientras madres y padres que no puedan teletrabajar o acceder a un permiso no retribuido acuden a sus centros de trabajo? Y, en caso de acceder a estos permisos, ¿quién va a renunciar a parte de su salario? Esta situación ya sería problemática y ocasionaría renuncias en un escenario idílico libre de patriarcado, pero ¿quiénes vienen, histórica y actualmente, ejerciendo esas renuncias, aumentando sus cargas, perjudicando sus carreras profesionales? No podemos obviar el análisis de género de esta- ni de ninguna- noticia, en una sociedad en la que las mujeres continuamos realizando la mayor parte del trabajo doméstico, ejerciendo la mayoría de los permisos relacionados con el cuidado de personas y, en definitiva, ocupándonos de las actividades tan necesarias como invisibilizadas que son los cuidados.

Al tratarse de un trabajo que siempre ha sido cubierto por las mujeres sin ningún tipo de reconocimiento, ha permanecido oculto y menospreciado. Sin embargo, las tareas reproductivas y de cuidados, no solo son fundamentales para el sostenimiento de la vida, sino que, sin ellas, el trabajo productivo y remunerado fuera de casa tampoco es posible. El hecho de dar por sentado que esta necesidad de cuidado se solventará por sí sola de manera natural contribuye a seguir invisibilizando este trabajo tan primordial. Además, no podemos olvidar, en medio de una crisis económica tan importante como la que viviremos en los próximos meses, quiénes sufrirán principalmente las consecuencias de asumir las renuncias profesionales para hacerse cargo de las ineludibles tareas de cuidado: las mujeres.

Celia Rodrigo Aguado