La prostitución a debate

Las Señoritas de Avignon, Pablo Ruíz Picasso, 1907.

¿Es la prostitución una forma adecuada de vida para las mujeres?, ¿es compatible apoyar esta práctica y ser feminista?, ¿tiene lógica apoyar la mercantilización del cuerpo de la mujer al servicio de los hombres?

Desde que empecé a deconstruirme como feminista, cientos de dudas empezaron a rondarme el pensamiento y algunas eran de fácil respuesta, pude adquirir una postura firma con rapidez. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo me daba cuenta de que existían temas más tabúes, con los que aún no me siento cien por ciento segura de mi postura. La prostitución es uno de ellos, un tema invisibilizado en la agenda política actual, un trabajo aparentemente legal bajo unas condiciones ilegales que se sigue ejerciendo en cada rincón del mundo.

El feminismo tiene dos posiciones respecto al tema: la regulacionista y la abolicionista. La primera está a favor de una regulación de esta profesión, para que las mujeres tengan unas condiciones dignas de trabajo, acceso a la seguridad social, etc. Esta regulación se ha implementado en países como Alemania o Francia. Por el contrario, la segunda apuesta por una erradicación de esta práctica, ya que, denigra a la mujer en cuanto se reduce a un objeto de placer sexual masculino.

El debate se enzarza en el punto en que colisiona. Por una parte, la libertad de hacer con el cuerpo propio lo que se quiera y por otra, cuánto de realidad hay en esa libertad. Si nos ponemos a analizar qué porcentaje de mujeres ejercen esta práctica por gusto, el dato es estremecedor pues en el año 2015 la ONGD Anesvad aseguraba tras varios estudios que ocho de cada diez mujeres que ejercían la prostitución en España lo hacían contra su voluntad; porcentajes que se prevén que han aumentado.

Se debe tener en cuenta que más de la mitad de las mujeres que son prostituidas tienen inestabilidad en distintos aspectos de su vida como puede ser el ámbito económico, familiar, social, cultural, etc. Y también es importante tener en mente que no sólo son mujeres prostituidas y no prostitutas, es decir, lo hacen contra su voluntad, no es una elección propia; sino la deshumanización que sufren al estar sometidas a agresiones, violaciones y denigraciones constantes. Todas hemos visto Pretty Woman y ¡joder qué diferencia con la realidad!

Después de esta reflexión, continúo lanzando preguntas al aire: ¿A quién le interesa blanquear la prostitución? ¿No se debe legislar para la gran mayoría? (recordemos, 8/10 son prostituidas contra su voluntad) ¿Todavía es sostenible el argumento libertario?

Andrea Brea.