La cultura de la violación es algo intrínseco en la sociedad y hay que erradicarla

Imagen: sonderin

Cada vez es más común oír sobre la denominada cultura de la violación, pero ¿qué es exactamente? Según algunas fuentes, el término como tal fue otorgado en la ola feminista de la década de los setenta y hace referencia a la violación como un acto normalizado por la sociedad que consiste principalmente en una manifestación misógena y sexista por parte de un grupo ‘dominante’ (que se siente con el poder de hacerlo) y privilegiado. Esta normalización se ha ido reforzando a lo largo de la historia, a través de distintas formas: los medios de difusión masiva ( la televisión, el cine, las revistas) o las tan connotadas redes sociales que son resultan ser herramientas que juegan un papel importante en la perpetuación de roles, estereotipos y estigmas sociales.

Pero, también es necesario reconocer que la educación es parte fundamental de la cultura de la violación ya que en ella radica la aceptación de estas normas y conductas. De hecho, la mayoría de los hombres que comenten actos de violencia sexual, lo consideran como algo “normal”, debido a que la sociedad les ha enseñado que es una conducta común. Así lo afirma Shaina Joy Machlus, en su artículo para Pikaramagazine sobre cómo entender el papel actual de la masculinidad: «A los hombres se les ha educado mal en lo que se refiere al concepto de ser un ‘hombre'».

Bajo esta perspectiva, la cultura de la violación se plantea, para muchos, como algo casi inherente de nuestra sociedad, sin embargo, el cambio de esta percepción es posible y está en nuestras manos. A través de diversas estrategias, como el establecer la importancia del consentimiento ante cualquier acto, y no sólo representarlo como algo negociable; y también, es preciso el redefinir el concepto de masculinidad para no considerar admisible dentro de esta cualquier acto de violencia y/o dominación.

Es necesario dejar de culpar y cuestionar a las víctimas, fomentando la construcción de redes de apoyo y colaboración. Por último, pero no menos importante, es imprescindible mostrar tolerancia cero ante estos actos, burlas o cuestionamientos, y por supuesto, el poner fin a la impunidad de los agresores y participes de ello.

Margarita Figueroa M.