Emily in Paris: Series aptas para señoritas

En el siglo XIX las jóvenes en edad casadera recibían pequeñas obras literarias dedicadas a explicar el amor romántico, chico adinerado que conoce a chica adinerada y que aprende por medio del sufrimiento más bello a estar subyugada al chico. Estas obras hacían las veces de guía, ahorraban el trabajo de sus padres de tener que explicar cómo llegaban los bebés al mundo.

La ola del activismo capitalista, ese que puede ser un producto y venderse pero sin nunca perder su efecto politizante a favor de aquellos que pretenden mantener dicho capitalismo, llegó a Netflix hace unos 4-5 años.

El primer producto fueron las narrativas de épica femenina, partiendo de una base que es fundamental para que puedas generar un producto aparentemente feminista y a la vez puedas vaciarlo de toda base política: todo lo que haga una mujer es feminista, incluso si ello la daña o perpetúa los mandatos que se han ejercido sobre ella nada más nacer. Y además es Netflix quien establece lo que hace una mujer feminista. No sea que lo aprendan por su cuenta, o que se lo expliquen otras mujeres.

De este monstruo salen varios brazos: la mujer que aspira a ser burguesa (Girl Boss) envuelta en ciertos panfletos que la sitúan en el feminismo pero que no suponen ningún tipo de avance real en su realidad material como mujer, o la mujer que aspira a seguir todo rol impuesto sobre ella (Nola Darling) pero que lo hace ante la premisa de que “lo hace porque quiere”.

El producto evoluciona (tal y como tras la Nintendo DS sacaron la New Nintendo 3DS) pero siempre hacia la renovación de la tradición, para que jugar siga siendo jugar y oprimir siga siendo oprimir.

Las novelas románticas para señoritas de bien han evolucionado, y llegan a nuestras pantallas encarnadas en chicas estadounidenses delgadas, guapas, que se quieren dedicar a la moda y que saben mucho de feminismo, pero del mencionado anteriormente. Ellas te van a enseñar.

El feminismo de las chicas como Emily consiste en obviar por completo el daño que puede ejercer a otras mujeres con tal de acompañar a un hombre que ya le ha mentido por obra u omisión desde el primer momento. Y va más allá todavía, es un feminismo que la lleva a romper con su ex novio porque le pide que abandone sus sueños para poder estar juntos, pero que deja ahí el tema, como si hasta entonces hubiera sido un príncipe azul, como si pudiéramos pensar que hasta entonces había sido perfecto. Al fin y al cabo te solicita para que te liberes a través de tu cuerpo pidiéndote sexo telefónico a las 3 de la madrugada sin que este hecho le importe nada en absoluto.

Y por supuesto un feminismo yankee, porque nadie mejor que una estadounidense para explicar a una francesa lo que es la liberación femenina. El feminismo es un movimiento ilustrado, nacido en Francia pero a quién le importa eso.

Y para coronarlo, un feminismo sin ninguna profundidad de clase en el que aguantar un entorno de trabajo abusivo es aceptable, y además puedes resolverlo a base de pasivo agresividad y validación externa.

Pero es comprensible, haber dejado claro que era una serie más de chicas que trabajan en revistas de moda y sufren con erótico resultado habría sido problemático.

Imagen de Netflix.

Rocío Curto