El mito de la libre elección es el motor del feminismo actual

Ilustración de Rocío Montoya ‘Estudios de los cuerpos’

Nos han hecho creer durante bastantes años que las mujeres teníamos todo lo que necesitábamos y, por ende, que el movimiento feminista era algo del pasado, de cuando las mayores lucharon por conseguir el voto; y como ya habíamos obtenido el sufragio universal, el poder trabajar fuera de casa o incluso habíamos adquirido la capacidad de abrir una cuenta del banco sin que figurase el nombre de un hombre junto al nuestro: debíamos dejar de luchar.

Pero ha llegado un momento en el que esos derechos que adquirimos gracias a nuestras antecesoras, fueron sólo el inicio de una lucha que no va a cesar hasta que consigamos plena igualdad de derecho y libertades en una sociedad cortada por la figura patriarcal.

A día de hoy, sobre todo en Occidente, no nos preocupa votar (pues sabemos que contamos con los mecanismos democráticos que nos aseguran este derecho) nos preocupa, entre otras cosas, el gran recorrido que está haciendo el mito de la libre elección, es decir, el que nos hace creer que somos libres de elegir. Y he de adelantar algo: no somos libres.

Para entender mejor este concepto, el libro de Carmen Domingo ‘Derecho a decir’ (AKAL, 2020) plantea sobre la mesa los grandes bloques de este mito como son la prostitución, los vientres de alquiler y el cuerpo (y desnudez) del cuerpo de la mujer. ¿Hay que regular o abolir la prostitución? ¿Se llaman vientres de alquiler o cualquier otro concepto que difumine la realidad de un contrato de compra de vidas? ¿Es empoderante mostrar nuestro cuerpo o sucumbir a los cánones de belleza?

Las respuestas a estas preguntas al aire están en la obra de Carmen Domingo que no sólo expone la estrecha relación que a día de hoy mantiene el mercado y el cuerpo de la mujer, sino que argumenta y hace referencia (¡muy buenas referencias!) a otras autoras que nos permite una mayor contextualización del problema que se expone.

‘Hay que llamar a las cosas por su nombre’ asegura la autora, afirmación que complemento añadiendo que lo que no se menciona no existe y, a día de hoy, es muy importante que la realidad de las mujeres ocupe un espacio en la sociedad no sólo para que se conozcan las desigualdades que sufrimos sino también para ponerles fin. Y qué mejor manera que llamándolas con propiedad, sin añadir florituras que despisten del propósito final que tiene, en la mayoría de los bloques mencionados antes, este contrato: la mercantilización del cuerpo de la mujer.

María MB