El feminismo no es todos los movimientos sociales

Composición de Mar Ordoñez
Desde el momento en el que empecé a considerarme a mi misma feminista no he parado de formarme, y no solo me refiero a leer largos textos académicos sino también he acudido a charlas, eventos, he consumido cultura que versaba sobre la igualdad y también he ido a mesas abiertas de debate.

Y son en estas últimas reuniones en las que hablábamos sobre feminismo ecológico, feminismo antirracista, feminismo trans inclusivo, feminismo antiespecista, feminismo de clase; y así un largo etcétera en el que la palabra feminismo iba acompañada de otro movimiento político-social. En una de las mesas abiertas de debate a la que acudí este verano, respetando las distancias de seguridad por la COVID-19, surgió la gran pregunta: ¿es que al feminismo, por el hecho de ser creado por mujeres, se le exige más que a otros movimientos?
Contextualizando: si se habla de ecologismo, por ejemplo, en ningún momento se plantea que para ser «buenos ecologistas» haya que ser feminista, antirracista, lgbtq friendly, etc. Sin embargo, para ser una «buena feminista» parece ser que sí, que necesitas todo eso e incluso un poco más.

¿Por qué a las feministas se nos exige más? ¿por qué estamos siempre en el punto de mira para ser juzgadas? ¿Por qué tenemos que hacer el doble de esfuerzo para que nuestra lucha sea tomada en serio?

Por más mesas de debate a las que acudo, por más que leo, por más que escucho; la conclusión a la que llego siempre es la misma. Al feminismo se le impone (se nos impone a las mujeres) tener en cuenta al resto de movimientos sociales por una sencilla razón: somos mujeres y el patriarcado a nosotras no nos puede dejar el camino aplanado para que sea sencillo.

A fin de cuentas, se nos exige mucho más. Como si tuviésemos que ser ángeles caídos del cielo para que lo que reivindicamos (¡derechos y libertades humanos!) sean tomados mínimamente en cuenta.
¡Qué injusticia!, ¡qué desesperación! y sobre todo, ¡¡qué cansancio!!

Jessica Núñez.