Cuerpos en alquiler


Raíces de Frida Kahlo

Mi nombre es Iria y, tras un embarazo fallido y traumático, no puedo tener hijos biológicos. Pero lo que sí puedo es concluir tres cosas de aquella experiencia. La primera es que no volvería a poner en peligro mi vida para gestar otra. La segunda es que el concepto de familia no se basa en la genética sino en el amor. Y por consiguiente, la tercera, es que no me atrevería a comprar el cuerpo, la libertad, o la salud de otra mujer para que gestase por mi.

He reflexionado mucho sobre este tema y sobre lo que considero, son los pilares en los que baso mi rechazo hacia los vientres de alquiler:

La falta de libertad y control sobre el propio cuerpo, así como la mercantilización del mismo. Esa falsa percepción de autonomía, que asoma engañosamente cuando una mujer decide alquilar su cuerpo, se pierde en el momento en el que se firma un contrato mercantil en el que existen clausulas que la desvirtúan.
La negación de la existencia de emociones, vínculo y apego en un proceso de gestación. Un ejemplo más de cosificación del cuerpo de la mujer, negando una visión holística de la misma hasta el punto de concebirla como una máquina de gestación.
La ostentosa necesidad de prolongar el linaje genético a la hora de formar una familia. No pretendo con esto negar el instinto biológico de reproducción de la especie, aunque sí me sorprende que en esta práctica la mayoría de las veces los óvulos suelan ser donados y el esperma el gameto proveniente de la futura familia.

Invito a aquellas mujeres que están a favor de dicha práctica, ya sea como gestantes o como futuras madres, a plantearse si están formando parte de una cadena en la que nosotras, como siempre, volvemos a sacrificar algo.

Iria del Bosque Fernández