Conciliación extrema y arquitectura de género

fuente: wikiarquitectura
La llegada de la cuarentena a nuestras vidas ha puesto nuestro mundo patas arriba, y ha provocado que cuestionemos todo nuestro status quo.
Nuestras viviendas han sido puestas a prueba de forma extrema, y hemos echado de menos espacios de relación con el exterior, como pueden ser los patios o las terrazas. Pero también se ha puesto a prueba su capacidad para asumir la vida laboral de ambos sexos, contrastando las necesidades de los trabajos feminizados y los masculinizados, provocando una conciliación familiar extrema que ha traído nuevos debates sobre el diseño de los hogares.
Aunque la conciliación ha sido una cuestión tradicionalmente femenina, en los últimos años se ha debatido sobre su viabilidad para ambos sexos, y parece que el teletrabajo podría ser una respuesta a estos debates. Pero claro, si esto es así, las viviendas deberán contar con los espacios necesarios y bien equipados para que sea posible teletrabajar de forma permanente. No obstante, ¿por qué algo que parecía evidente cobra sentido ahora para una sociedad que parecía verlo como algo lejano?
¿No existían mujeres que necesitaban un despacho en la casa para poder llevar acabo sus proyectos mientras cuidaban de sus hijos? ¿No había mujeres a las que la mesa del salón les resultaba insuficiente o tenían problemas para conectar sus equipos en esta situación?
¿Es muy aventurado afirmar que tal vez se ha convertido en un problema visible porque es el capital del marido el que también se ha visto ahora amenazado?
La arquitectura ha sido una disciplina masculinizada, pero en los últimos años arquitectas como María Novas han centrado el foco en la relación entre arquitectura y género, afirmando que la falta de esta última perspectiva sociológica es una de las carencias de la arquitectura del siglo XX, y especialmente de la arquitectura doméstica.
Tal vez la “nueva normalidad” traiga consigo una “nueva realidad” más consciente y consecuente con la diversidad.

Rocío Curto