Caso de estudio: Valeria

Fotografía: Netflix
En mayo de 2020 la plataforma Netflix estrenó la serie “Valeria”, la cual ha despertado ampollas entre el público consciente, y hay una serie de buenas razones para ello.

La serie trata sobre Valeria, una escritora “wannabe” que vive en Madrid, con un piso que no conjunta con el sueldo que tiene según la serie, y que sale con sus amigas a terrazas en las que todas visten como millennials, escuchan música de millennials, y hacen todo lo que se supone que hacemos las millennials.

En este punto, ya entiendes que la serie es una copia del típico formato estadounidense en el que una chica muy blanca quiere ser escritora, y sus amigas muy blancas la acompañan en el proceso mientras aprendemos sobre sus interesantes vidas sexuales.
Esta caricatura sobre la realidad millennial aleja a la audiencia sobre la realidad precaria de las millennials reales, pero además mete al Feminismo en la ecuación, y lo mete mal.

En un momento dado, el personaje de Nerea, suelta un discurso demasiado artificial como para que no parezca forzado en respuesta a un cometario machista de uno de los personajes. Es en este punto en el que la serie se declara “feminist compliant” y cava su propia tumba.

No puedes vender un producto tan estereotipado y caricaturesco como feminista si no controlas sus aristas, porque hasta cuando hablamos de humor o desenfado el feminismo sigue siendo un elemento solemne que tiene que mantener su discurso.

La serie trata sobre mujeres que luchan por sus carreras, y aporta información (a veces excesiva sobre su vida sexual. Tiene los dos ingredientes perfectos para no perder la oportunidad de indagar de verdad en la psicología de los personajes, que son variados, y no pasar por alto el hecho de que Valeria quiera empujar constantemente a su esposo a practicar sexo, aunque él no quiera, ignorando completamente sus emociones. O pasar por alto el hecho de que Lola no está siendo sorora con la esposa de su amante, o ignorar que Nerea obvia sus responsabilidades afectivas con sus compañeras sexuales.

“Valeria” es el caso de estudio perfecto sobre un feminismo comercial que caricaturiza a las mujeres y a sus herramientas de empoderamiento.

Rocío Curto