Alabando a la bestia en el día contra la violencia machista

Ante ayer, 25 de noviembre se celebró, como cada año, el Día Internacional contra la Violencia Machista. La fecha elegida hace referencia al asesinato de las hermanas Mirabal en manos del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quienes fueron condenadas por su activismo en la revolución de la República Dominicana. Su muerte desencadenó numerosas protestas en el país y las convirtió en un símbolo en la lucha contra la violencia de género en Latinoamérica.

Paradójicamente, el 25 de noviembre del 2020 el mundo entero ha observado como otro país latinoamericano declaraba luto nacional, pero en esta ocasión, el motivo distaba mucho de los objetivos que tiene el movimiento feminista entorno a esta fecha. Argentina, en concreto, se ha paralizado para honrar al ídolo del fútbol Diego Armando Maradona. Nadie puede negar cuan crack fue este señor y no es mi intención centrar el debate en la habilidad que tenía en los pies. Mi denuncia social, y el motivo principal por el que escribo estas líneas, va hacia sus actitudes fuera del campo, a como éstas son aceptadas popularmente y serán olvidadas al ritmo de nieve entrando por su cavidad nasal.

Y es que, me parece tan injusto que el día que se reivindica la erradicación de esta brutal manifestación de la desigualdad vaya ser recordado por el día que el maltratador, pero crack del fútbol, murió. Un hombre que maltrató a su mujer durante años -no sólo es suficiente con creer a la víctima, sino que hay pruebas gráficas de ello-, un hombre que se iba a Cuba a disfrutar del negocio de la prostitución infantil y un hombre que se jactaba de todo ello gracia al favor de los medios de comunicación que le hacían la cama para que la leyenda perdurase sin estos «pormenores». Esos mismos medios de comunicación que se suben al carro del movimiento feminista haciendo purple-washing, son los mismos que dejan de lado los delitos que cometió El Pelusa contra los derechos de las mujeres y los menores.

Honestamente, considero que todas las personas deben ser honradas el día de su muerte, pero me pesa más el respeto que debemos tener las mujeres mientras sigamos con vida.

¿Puede eximirnos la muerte de nuestros pecados? ¿o es que ciertos pecados no contabilizan para algunas personas en el juicio final?

Andrea Brea Hernández
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