Aicha Liviana asegura que el feminismo no puede ser separatista

Desde Santiago de Chile hemos hecho una entrevista cargada de contenido a Aicha Liviana que entre otras cuestiones del movimiento feminista, nos habla de su libro ‘Feminismo y revolución’.

Primero que todo, ¿cómo nace la idea de crear este libro?, ¿cómo surge la idea de relacionar el feminismo con los movimientos sociales actuales? La idea de hacer un libro surge despues de haber escrito varias columnas sobre el movimiento feminista del 2018. Si bien muchas de mis columnas conllevan un punto de vista crítico (aunque no exclusivamente) sobre algunas aristas del movimiento del 2018, después de un tiempo, me di cuenta de que la escritura me estaba transformando, que algo estaba haciendo historia en mí. Pensé en hacer este libro cuando ví que la escritura me estaba desbordando y que yo no era la misma que antes. Donde yo cuestionaba el feminismo, el feminismo me cuestionó a mí. Esto me impulsó a hacer un libro que no es sobre el feminismo, sino sobre el modo en el que el movimiento cuestionó mis categorías políticas.
La idea de relacionar el feminismo con los movimientos sociales viene de mi editora, Paula Barría. En octubre 2018, en medio del “estallido social” (en Chile), conseguimos reunirnos para hablar del libro que iba a salir y pensamos que la situación política y social de Chile debía, de cierta manera, ser consignada en el libro. Estaba pasando algo y cualquier libro en este momento parecía obsoleto. Entonces como yo no iba a tener un discurso sobre “octubre 2018”, darle ya la forma de un saber o una teoría, le propuse hacer una suerte de fenomenología del movimiento y dar cuenta, a través de fragmentos, de cómo está suspensión que vivíamos afectaba el discurso y las palabras de las que disponemos para pensar. Creo que las dos partes del texto en el libro se combinan: el feminismo debe ser pensado al interior de un mundo que está mutando, y por ende, de un lenguaje que experimenta cierta vacilación. De ahí los fragmentos, que dan cuenta de pequeños desplazamientos semanticos y sociales, en vez de constituir un discurso unitario y global.

¿Cuál cree que es la relación entre el feminismo y los procesos de revolución actual? ¿Cuáles son los procesos de revolución actual? Me parece que hay revoluciones políticas, impulsadas por sujetos o discursos o fuerzas, y hay revoluciones de nuestras estructuras políticas, sociales, incluso existenciales y de sobrevivencia. La tecnología da lugar a una revolución permanente: de lo que nos constituye como sujeto, de la relación entre lo público y lo privado, de nuestro lenguaje, del modo en que producimos tiempo, espacio, expectativas – incluso de nuestra relación con la violencia y con los otros. Creo que el feminismo debe ser comprendido al interior de todas las revoluciones que ocurren en una relación que es, quizás, a la vez necesaria y disruptiva.

¿Por qué cree que surge como lema “la revolución será feminista o no será”? Esta consigna me ha parecido interesante por varias razones. Primero, no se piensa más el feminismo solo como un movimiento emancipatorio de las mujeres sino como un movimiento que afecta las estructuras politicas en su conjunto. Segundo, se piensa que la condición de posibilidad de la revolución en general es el feminismo, es decir, que se piensa el feminismo como una nueva matriz de comprensión de la historia y de nuestras categorías y expectativas políticas. Pero ojo, cuando yo analizo esta consigna en el libro, lo hago tanto para ahondar en su significado como para preguntar si lo que ocurre está realmente a la altura de esta consigna. En mi libro hay también una lectura crítica de lo que ocurre en 2018. Me propongo destacar la exigencia que hay en esta consigna, y que en alguna de sus aristas el feminismo (o un feminismo) es también preso en el sistema que critica. Critica el neoliberalismo pero es también el sujeto neoliberal que impulsa el movimiento.

¿Cuál cree que es la influencia que tienen las redes sociales en el feminismo actual? Creo que las redes sociales son partes de estas revoluciones que no son impulsadas por sujetos políticos, pero que pueden dar lugar a revoluciones políticas. Las redes sociales hacen posible nuevas formas de comunicación, nuevas relaciones entre lo público y lo privado, nuevas relaciones a la ley y a su trasgresión, nuevos espacios de solidaridad. Por esto, han sido fundamentales para pensar la revolución feminista. Pero de nuevo, ojo: las redes sociales dan también lugar a nuevas leyes, nuevas maneras de imponer la verdad, de alguna forma a un nuevo funcionamento del autoritarismo, y por lo mismo, constituyen un riesgo fundamental dentro de la promesa incluida en cualquier movimiento político. Las redes sociales son nuevos espacios de socialización y, por ende, crean nuevas subjetividades políticas, pero son armas también (que se pueden usar tanto para resistir como para conformarse). Si “la revolución será feminista o no será”, debemos ser mucho más lúcidas y lúcidos sobre nuestras armas para luchar. Si las usamos como antes, como un medio para alcanzar un fin, no se está revolucionando nada. Creo que esto es importante: “la revolución será feminista o no será” implica que el feminismo revoluciona el mismo concepto de revolución. Pero hay un riesgo: que el feminismo se transforme en un nuevo conformismo, y en esto las redes sociales nuevamente juegan un rol de doble filo.

¿Cree que las funas son un aporte para el movimiento feminista? Mi opinión de las funas es crítica y en esto mi rechazo es tajante aunque lo voy a relativizar también. La violencia de la funa es la de una ostratisación radical. Me recuerda los más violentos episodios de la historia en los que, en el nombre del “Bien”, se ha buscado erradicar a otros. Por cierto la funa no mata, pero a su manera aniquila. Cuando una persona es funada, no puede decir nada. Es como si ya no fuera un sujeto de derecho. Esto yo lo rechazo.
Pero la funa existe por la impunidad y hay una violencia silenciada, profundamente. Hay una incompatibilidad del sistema juridico para responder de la violencia sexual. Y hay una situación de impunidad en muchos lugares que es casi un legado histórico. La funa ha sido también la unica posibilidad de denunciar violencias vividas en dictadura.
Entonces rechazo las funas, pero soy consciente que problema al que responden es también una violencia sin nombre y radical, es decir que conforma las raíces de nuestros sistemas, de su modo de funcionamento, de nuestros aparatos y lenguaje jurídicos, de la sociedad, los canales de comunicación que tiene. Hay situaciones en las que no podemos ni siquiera decir la violencia vivida. No alcanza la escucha de otro y de otros y otras. Hay situaciones en la que uno grita y no hay oído para esto.
La funa busca el oído.
Entonces soy contraria a las funas porque creo que conllevan otras formas de ceguera y de sordera (tan solo porque el o la funada ya no puede hablar y en esto está destruido como sujeto, esto es gravísimo), pero pienso que hay que restituirla a sus contextos y responder con urgencia al problema que hacen manifiesto. Y, por supuesto, no es lo mismo funar para destruir y funar para hacer oír (algo que por siglos ha permanecido silencioso y acceptado).

¿Qué opina sobre la utilización del denominado “lenguaje inclusivo”? Dedico un largo fragmento al lenguaje inclusivo en la segunda parte de mi libro. Encuentro fascinante que un movimiento político haya dado lugar a un cambio en el lenguaje; que un cambio en el lenguaje pueda dar lugar a cambios en el modo en que nos relacionamos una.o.s a otra.o.s y con nosotra.o.s misma.o.s. El lenguaje es el campo de construcciones sociales y subjectivas. Pero por lo mismo, no integro el lenguaje inclusivo de una manera normal. A veces lo uso, a veces no. Soy totalmente anárquica al respecto y de una manera asumida. El lenguaje inclusivo pertenece todavía a una explosión politica, social y personal. La normativa al respecto es importante, pero es todavía exterior a mí. Con el lenguaje, somos (no exclusivamente por supuesto) bebés: vamos aprendiendo de apoco y en función de cómo el mundo se abre a nosotra.o.s y de cómo nos situamos al interior de él.

¿Por qué considera que el feminismo no puede ser separatista? Por mi formación y tal vez por mi historia, el separatismo me ha parecido contrario a la idea misma de emancipación. Expone además al riesgo de encerrar el feminismo en una dimensión identitaria. Pero entiendo también que en algún nivel se plantee la idea de separarse de las estructuras sociales que conllevan una dimensión mucho más violenta de lo que pensamos. Solo que al final, no creo que el separatismo sea el camino para romper esta violencia endemica, ni que este pueda ser un objetivo político. La violencia es también de todos y de todas, y el punto es cómo podemos ser consciente de ella, qué hacer con ella. En el separatismo, veo también un riesgo de purismo, de querer un estado de no-violencia, que me inquieta. La no-violencia radical es también la negación de la violencia que nos constituye, y es otro modo de ser ciego a la violencia, de dejarle libre curso.

¿Cuál cree que es el rol del feminismo tiene en la política actual? Uno es otorgar mayor protección a las mujeres, sin ninguna duda. Si la pandemia hubiese ocurrido unos años atrás, no estoy segura de que una de las primeras medidas del gobierno habría sido la de crear una mascarilla especial para las mujeres en situaciones de violencia (una mascarilla que permitiera dar una señal cuando no es siquiera posible hablar de la violencia). Otro, es modificar las estructuras sociales y laborales y empoderar a las mujeres. Esto lo encuentro muy interesante. Empoderarse es dificil, no promete necesariamente a una vida más cómoda ni significa asumir un rol masculino. Al contrario, el poder no sabemos lo que es exactamente, por lo mismo, empoderarse es también modificar el campo de las relaciones de poder, y es hacer del poder una pregunta nueva. Y finalmente, un rol crucial del feminismo en la política actual es la solidaridad y el modo en el que nuevas formas de ser en conjunto se articulan con el funcionamiento de las instituciones.

Para finalizar, ¿cree que todos deberíamos ser feministas o al menos cuestionarnos al respecto? ¡No! No le deseo a nadie ser un pobre machista toda su vida o permanecer inmanente a una vida que no cuestiona, pero el feminismo no ha de ser ni un adoctrinamiento ni un nuevo conformismo.